En Cali tiene tres restaurantes y una distribuidora de pescados y mariscos. El día de esta entrevista estaba preocupado, las protestas se empezaron a tornar violentas y no había podido entrar a la ciudad con la carga de pescado que llevaba. La crisis, como a todo el sector gastronómico en Colombia, lo golpea fuertemente. No hay ingresos y sí muchos gastos, salarios por pagar a sus 43 empleados. 'Estoy al límite, ¡tenaz!'. Hace 18 años tuvo dos restaurantes en la ciudad, Punta del Este y San Antonio. Sus dos hijas, Mariana y Martina, son barranquilleras y visita la Puerta de Oro 'al menos una vez al mes'.
El Capi, como lo llama la mayoría, decidió cambiar un fusil Galil, por sartenes, cuchillos y otros utensilios de cocina, es lo que lo hace feliz. Pese a la coyuntura, a la pandemia, a los golpes económicos a su sector, en el 2020 decidió publicar su primer libro: Cocina con El Capi Juan Carlos Amaya. Con esta publicación de lujo, que cuenta con fotografías hermosas, recetas detalladas con platos de mar y río, y parte de su historia de vida, El Capi busca 'que la gente necesitara más bien leer que saber de cocina, porque si sigue el paso a paso descrito' en sus páginas, 'seguramente va a conseguir algo interesante'.
Pregunta: ¿Cómo son los aromas y sabores en la cocina de su madre, doña Dolly?
Pregunta: ¿Qué es ser exitoso para usted?
Pregunta: ¿Qué lo llevó a dejar la carrera militar, a cambiar el fusil y el camuflado por cucharones, ollas y cuchillos?
Pregunta: ¿Será la cocina, ese 'acto de amor', como usted lo describe en su libro, es uno de los ingredientes para reconciliar a los colombianos?
Pregunta: 'Barranquilla del alma', así se refiere en su libro a esta ciudad 'del arroz de lisa y el chicharrón de pescado', ¿por qué?





















