Mientras las aguas del río San Jorge vuelven a amenazar la tranquilidad de la región, el nombre de Santiago Moreno Urrutia emerge hoy con más fuerza en la memoria colectiva de los habitantes del corregimiento Pica Pica Nuevo, en el sur del departamento de Córdoba.
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Su liderazgo, gestado en la tragedia de 1.964, es hoy la razón por la que decenas de familias duermen tranquilas en terrenos altos, lejos de la furia del río San Jorge que alguna vez lo borró todo.
Una herida abierta en la memoria
Para los pocos pobladores de avanzada edad, el recuerdo del año 64 sigue intacto. Aquella avalancha en el alto San Jorge no solo destruyó viviendas y negocios, sino que se llevó consigo parte de la identidad misma del antiguo Pica Pica.
La fuerza del agua fue tan devastadora que el cementerio local desapareció, dejando al pueblo sin sus difuntos, y borró del mapa el Puesto de Policía, negocios y decenas de hogares en especial los ubicados en la ribera.
El hombre que “no dio tiempo al llanto”
En medio del caos y el dolor de una comunidad que ni siquiera tuvo tiempo de llorar a quienes perecieron ahogados, como lo recuerda la señora María. A sus 75 años tiene intacto el recuerdo de “cuando la creciente se llevó a una niña de 4 años, hija de la señora Helena Cogollo, fue algo muy doloroso”.
En medio de esa tragedia surgió la figura del líder cívico Santiago Moreno Urrutia, que con una determinación inquebrantable entendió que la supervivencia dependía de un cambio radical de geografía, fue así como organizó un comité cívico del que hicieron parte Eligio González, Víctor Monterrosa, Martin Conde y Lisandro Castillo, quienes realizaron el censo en que detallaron las necesidades inmediatas que requerían los damnificados de aquella época, es decir, hicieron las veces de los organismos de socorro y de la hoy Ungrd.
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Sin perder un minuto, Moreno Urrutia viajó a Montería para entrevistarse con el gobernador de la época, Germán Bula Hoyos. Su propuesta fue clara y audaz: el Estado debía adquirir las tierras de la margen izquierda del río, una zona sinuosa, pero elevada, estratégicamente escogida para refundar el poblado allí donde el agua no pudiera llegar.
De ‘Puerto Triunfo’ a Pica Pica Nuevo
Gracias a esa gestión visionaria, el gobernador accedió a la compra de 10 hectáreas y suministró los materiales básicos, madera y zinc, para iniciar la reconstrucción. Aunque inicialmente se barajó el nombre de ‘Puerto Triunfo’ como símbolo de victoria sobre la tragedia, el arraigo de su gente bautizó el asentamiento como Pica Pica Nuevo, ello también incidió para que el destruido pueblo fuese renombrado por el colectivo como Pica Pica “Viejo”.
Pica Pica Nuevo en la actualidad cuenta con mejor mobiliario urbano, sus calles principales están pavimentadas y con buenas zonas de recreación deportiva, el servicio educativo de primaria y secundaria es prestado por la I.E. José María Córdoba.
También resaltan sus habitantes que estuvieron esperanzados de ver construido el puente que uniría a las dos Pica Pica, proyecto que era el sueño de conectar los municipios de Montelíbano, Puerto Libertador y Planeta Rica mediante un puente sobre el río San Jorge, pero este proyecto el año pasado quedó archivado por parte del Gobierno Nacional.
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Esta sería una obra estratégica que contribuiría a dinamizar la economía del departamento, pues acortaría el tiempo de tránsito del transporte de carga, en especial del Níquel y el Carbón, así como abarataría los costos de los fletes en la economía tradicional de la región que es la agricultura y la ganadería, hoy gravemente impactadas por los estragos del frente frío que se hizo presente desde el pasado 1° de febrero.
Contraste de realidades
Hoy la historia le da la razón a Santiago Moreno Urrutia. Mientras en Pica Pica Viejo (en Puerto Libertador) vuelven a sufrir los embates de las inundaciones con viviendas sumergidas bajo las aguas y el lodo, los habitantes de Pica Pica Nuevo (Montelíbano) se mantienen a salvo.
“Hoy agradecemos a don Santiago Moreno porque su empuje nos dio un refugio seguro que hoy deben saberlo nuestros nietos y bisnietos”, comenta con voz lenta José, un anciano sobreviviente de aquella época y que se destaca por su enseñanza a través de la oralidad.
Este liderazgo de residencia se resalta hoy debido a que sus líderes cívicos no se amilanaron ante el desastre, Pica Pica Nuevo no es hoy una zona de calamidad, sino un testimonio vivo de resiliencia, gestión cívica y efectiva correspondencia del Estado.





















