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En esta temporada de campaña con vista a futuras elecciones viene a la memoria el Cuento del Gallo Capón, cuento que es rememorado por García Márquez, y que muchos equivocadamente le atribuyen a él, en Cien Años de Soledad refiriendo cuando en Macondo se desarrolló la peste del insomnio.

Los habitantes que habían perdido la capacidad de dormir y quienes querían hacerlo, recurrían a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón.

Gradualmente fueron desapareciendo en la vida moderna: reunirse en el patio en familia, sentarse a recordar, sentarse a la mesa a compartir y sentarse en la puerta al atardecer. Los pretiles y las terrazas empezaron a ser enjauladas y enrejadas, con la degradación de la convivencia, la desconfianza, la perversión de los conflictos sociales y armados, y las violencias sin límites en el campo y la ciudad.

Sin embargo, en cada campaña electoral, abundan las promesas de cambio estructural de algunas situaciones (“voy a arreglar los problemas de la salud”, “habrá educación gratuita para todos”, “tendrán vivienda digna”, “arreglaré los problemas de inseguridad y si es del caso sacaré el ejército a las calles”) que no mejoran esos aspirantes a cargos de representación popular cuando llegan a esos cargos que aspiraban.

Estos políticos llegan a apartadas regiones con un séquito de funcionarios, consultores, expertos y asesores armados hasta los dientes con abigarradas diapositivas o renders, como llaman ahora, a conversar sin tregua, a repetir durante horas y horas, hasta los límites de la exasperación: lineamientos, hoja de ruta, metodología, estudios, modelos, fases, herramientas, pautas, retos, caracterización.

Así se van tejiendo, sin darnos cuenta, un cuento de gallo capón eterno. La gente vota porque necesita trabajar, no porque crea que algo va a cambiar. El voto se volvió un salvavidas, no una elección libre. Y el narrador del cuento, el político, se aprovecha: sabe que, mientras la economía no tenga otro motor, puede controlar el juego a punta de contratos, auxilios, compra de votos y promesas que serán incumplidas.

JAIRO E. RESTREPO V.